Hoy, queridos amigos, os voy a hablar de traducción. De traducción queer. ¿Conocéis el concepto?
De un tiempo a esta parte, podríamos decir que estamos viviendo una revolución en lo que a género se refiere, cada vez hay más personas que no se identifican con ninguno de los géneros normativos y no lo esconden. Este boom, por supuesto, ha llegado también a la literatura. Los escritores sentimos la necesidad de plasmar de alguna manera la realidad actual que nos rodea, con lo que cada vez más nos encontramos con novelas y relatos que contienen personajes de género no binario. Y esto, a la hora de traducir un texto puede convertirse en un verdadero reto. Para un traductor es muy importante conocer lo que dicen los expertos sobre la teoría queer para poder afrontar la traducción de una manera profesional.
Y, aunque parezca mentira, las teorías queer existen desde hace más tiempo de lo que creéis. Os voy a explicar rápidamente, sin entrar en demasiado detalle, qué significa el concepto queer y luego os voy hablar de algunas técnicas de traducción para afrontar este tipo de textos.
La definición que podíamos encontrar del término queer hace unos años en los diccionarios era la siguiente:
Queer. 1. extraño, raro, excéntrico; de carácter cuestionable, dudoso, sospechoso; sin suerte, atolondrado, sentirse al borde del desmayo (feel queer); borracho; homosexual (especialmente en un hombre); in Q. Street (en dificultad, en deuda, de mala reputación). / / 2. homosexual. / / 3. echar a perder, roto. (Concise Oxford English Dictionnary, citado por Córdoba, 2009: 21).
¿ Qué son las TEORÍAS QUEER?
Córdoba (2009) explica que el término queer ha sido escogido frente a su posible traducción por varios motivos. Primero por ser ya conocido en el mundo del activismo; dada la poca teoría gay y lesbiana en España, fue quizás más fácil adoptarlo como un préstamo puro. Segundo porque el hecho de utilizarlo como préstamo coloca a la comunidad queer en una posición de reconocimiento con una comunidad que ha tenido una fuerza específica en el ámbito anglosajón, y a la vez los sitúa en posición de exterioridad respecto a su propia cultura nacional, en la que podrían ser considerados exiliados. El tercer motivo tiene que ver con el género de la palabra. En inglés, queer puede referirse tanto a sujetos masculinos como femeninos, así como a cualquier combinación de la dicotomía de género que pudiéramos imaginar. El término queer es capaz de incluir a todas las figuras identitarias, más allá de los gays y las lesbianas. Este fenómeno no ocurriría con las posibles traducciones del término en la lengua española. Si mantenemos el término como un préstamo puro podemos conservar su significado global de raro, extraño o excéntrico, mientras dejamos atrás la malsonancia, la incorrección política o las connotaciones insultantes que pudieran tener los posibles equivalentes, que serían marica, bollera o desviado.
Originalmente, el término inglés queer se usaba para expresar que algo era extraño, raro o fuera de lo normal, no convencional, como se indica en la definición de arriba, incluso se podía atribuir a algo impropio, perturbado o perturbador. «Un día, o una idea, o una historia podían ser queer» (Pérez, 2016). Después, según Pérez y otros autores, esa rareza se fue centrando en la identidad de género de aquellas personas que no cumplían con las expectativas sociales y que, por tanto, no eran convencionales. Desde ese momento, el término queer comenzó a usarse poco a poco de forma peyorativa, como un insulto, contra personas homosexuales o de género no normativo. Hasta que a finales del siglo XX los destinatarios de esos insultos se apropiaron del término y comenzaron a usarlo como señal de identidad, como un símbolo cultural y político. A partir del año 1990, el colectivo neoyorquino Queer Nation comenzó a distribuir panfletos divulgativos en los que explicaban la adopción del término.
Según la doctora Moira Pérez (2016), algunos autores, como Butler, en 2004, atribuyeron este movimiento a la llamada «crisis del sida», por la que gran parte de la comunidad gay masculina necesitaba mostrarse como ciudadanos normales frente a los heterosexuales. Ante esto, el movimiento queer se posicionó como una reivindicación política disidente de la comunidad lgtb (lésbica, gay, trans y bisexual). Hasta ese momento, parecía que el movimiento de liberación sexual estuviera formado únicamente por varones blancos de clase media alta, cuando la realidad era que esa comunidad era mucho más grande. Apareció entonces el movimiento queer como una respuesta contra esta situación. Para dar visibilidad a la parte de esa comunidad que no encajaba del todo con los estándares más conservativos del movimiento gay y que ya estaba cansada de ser poco menos que excluida. Se comenzó entonces a reflexionar sobre la identidad y la diversidad, y el término, que antes era un insulto, pasó a identificar una nueva corriente en la que se determina que el sexo y el género son una construcción, es decir, que están en permanente evolución. La identidad no es una esencia, sino un continuo. Brian James Baer y Klaus Kaindl (2018) mencionan que queer indexa un modelo teórico que rechaza la organización de la sexualidad sobre la base de la oposición binaria homosexual/heterosexual, que Eve Kosofsky Sedgwick describió como un modelo minoritario, a favor de una concepción más fluida de lo sexual.
Queer conforma, pues, un concepto paraguas bajo el que pueden convivir las más variadas formas de disidencia a la norma sexual, sean en la forma de articulaciones identitarias o no (Córdoba, 2009).

Gender Trouble (1990), de Judith Butler, es una de las primeras y principales obras que comenzaron la andadura y abrieron el camino a lo que hoy conocemos como Teoría Queer. Con esta obra, Butler intentó, como ella misma explicó más tarde, imaginar un mundo en el que aquellas personas que viven a cierta distancia de las normas de género o que viven en la confusión de dichas normas, puedan todavía considerarse a sí mismas no solo viviendo vidas vivibles, sino como merecedoras de un cierto tipo de reconocimiento.
Las teorías queer se alejan, por tanto, de las definiciones normativas de comportamiento sexual femenino y masculino, y establecen que los genitales con los que nace una persona no deberían determinar si esta es hombre o mujer, masculino o femenino, puesto que existen personas cuya identidad sexual no se corresponde con la que se le asignó al nacer, o directamente no se identifican con ninguna etiqueta normativa tipo hombre o mujer. Así, se podría decir que tanto la identidad como la orientación sexual no son solo biológicas, sino que están influenciadas por la cultura y la sociedad en la que uno se encuentre.
ESTRATEGIAS DE TRADUCCIÓN QUEER
Si hablamos de las teorías queer como un nuevo modelo político, sus características, según Córdoba (2009: 44), son «la construcción de una base identitaria abierta y mucho más flexible, y la utilización de estrategias e instrumentos de lucha provenientes de las propias estructuras culturales y políticas de la heterosexualidad». Baer y Kaindl (2018) mencionan que, por razones no del todo claras, los profesionales de la traducción han reaccionado con cierto retraso a la teoría queer y las investigaciones que se centran en los aspectos queer de la traducción y la interpretación han sido, hasta hace poco, muy poco frecuentes, descoordinadas y, a menudo, empañadas por la confusión conceptual, porque no todas las obras que tratan de sexualidad o de homosexualidad pueden considerarse queer.

Como bien expresa Démont (2018), es necesario definir las estrategias que los traductores pueden adoptar cuando se enfrentan a la evanescencia del concepto queer, teniendo en cuenta su naturaleza multicapa y prismática en los textos literarios y, en consecuencia, su resistencia interna e inquietante a los enfoques unilaterales. Démont continúa sugiriendo que estas estrategias se manifiestan de tres modos: la traducción que malinterpreta, la traducción que minoriza y la traducción queer. La primera, simplemente, suele ignorar lo queer, es decir, intenta reescribir un texto desde un cierto punto de vista hegemónico, mientras que la segunda congela la naturaleza a la deriva de lo queer al limitar su poder connotativo a un simple juego unidemensional y superficial de equivalencias denotativas. El modo de traducción queer, por el contrario, se centra en reconocer la fuerza disruptiva del texto y recrearla en la lengua de destino. Démont añade que los traductores deben centrarse en respetar el potencial del significado queer, ya que esta práctica es fundamental para poder corregir los borrados estratégicos o las asimilaciones que suelen ocurrir con los otros dos modos de traducción.
En esta misma línea, Martínez Pleguezuelos (2018) considera urgente que se abandone la idea estanca que envuelve al texto original en tanto que elemento fijo, con un único sentido posible, para extender sus posibilidades y concebirlo como una amalgama de significados que se solapan ofreciendo muchísimas versiones posibles. Así, la postura del traductor en su reescritura del texto es solo una opción más de las posibles, y esta siempre estará sometida a influencias y poderes exteriores.
Según von Flotow (1998), la práctica de la traducción feminista, como enfoque particular, ha planteado cuestiones teóricas y éticas. Y continúa diciendo que los estudios de las metáforas de la traducción de género han planteado cuestiones sobre cómo las percepciones de la traducción reflejan y estructuran la concepción de las relaciones de género de una sociedad, la vinculan con la compresión de la traducción y revelan los juegos de poder involucrados tanto en las operaciones de transferencia de texto como en las relaciones masculino/femenino.
Entonces ¿cómo nos enfrentamos a un texto disruptivo de este tipo?
Santaemilia (2018) propone, además, otras interesantes cuestiones como ¿tienen los términos para la identidad de género y sexual equivalentes en otros idiomas y culturas? ¿Hasta qué punto pueden funcionar los préstamos anglófonos? ¿Contribuye la traducción de alguna forma a desafiar la ambivalencia sexual? Y es más, ¿puede nuestra orientación sexual o nuestro género hacernos traducir de una forma diferente? Ante estas cuestiones, Santaemilia (2018) sostiene que la traducción de la sexualidad no es un asunto neutral, sino más bien un acto político, con implicaciones retóricas e ideológicas, que registra la actitud del traductor hacia conceptualizaciones existentes de género, identidades sexuales y normas morales. De este modo, podríamos decir que la traducción forma, junto con la sexualidad, una interdisciplina única capaz de desvelar la textualización más íntima de nuestra identidad. La traducción queer, según Santaemilia (2018), ofrece una problematización compleja de la sexualidad y la traducción, manteniendo una relación de resistencia a las convenciones aceptadas como normales. Se hace necesario, pues, comprender las categorías identitarias implicadas, así como el aspecto cultural de las posibles representaciones.

En relación a las cuestiones anteriores, Harvey (1998) resalta que al traducir textos con temas de género debemos tener en cuenta la falta de existencia, naturaleza y visibilidad de identidades y comunidades LGTB+ en la cultura meta, y la existencia o ausencia de literatura queer en la cultura de destino. Tratnik (2011) indica que cuando no existen equivalencias conceptuales se hace necesaria una metodología que va más allá de trasladar información, se tiene que enfatizar en la consideración de los contextos que rodean el texto base y el texto meta. Una estrategia que propone Tratnik (2011) es reinventar el lenguaje para dar significados a las palabras ya existentes y reexpresar aquellos conceptos relacionados con las identidades queer. Se pueden adaptar palabras extranjeras a la fonología de la lengua meta o utilizar palabras ya existentes con nuevos significados para los nuevos contextos.
Giustini (2015) afirma que el traductor debe explicitar las marcas de género para expresar las nociones de género que podrían no existir en la cultura meta, en este caso el español, para visibilizar a los personajes queer de la obra. En caso de que fuera necesario, Rose (2016) propone el uso de introducciones, pies de páginas o notas de traductor para que los receptores de la lengua de destino comprendan el texto en su totalidad. Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo en que se coloquen intermediarios entre los lectores y sus personajes.
Castro (2008) menciona tres estrategias para dar visibilidad al género en los casos en los que la lengua origen no exige marcas de género, mientras que las características estructurales de la lengua término sí obligan a especificarlo, como es el caso de traducir del inglés al español.
La primera estrategia es la compensación o suplementación, que consiste en una reescritura por parte del traductor para compensar los sistemas culturales en lo que respecta a connotaciones o marcas de género. Por ejemplo, un texto en inglés se podría suplementar utilizando algunas letras en negrita o en mayúscula (one, other o huMan) o modificando palabras (lovHers, auther) para indicar la marca de género. Esta estrategia se asemeja a la indicada por Tratnik (2011) de reinventar el lenguaje. En español se pueden modificar las palabras modificando el masculino genérico por el femenino genérico o incluyendo una e en lugar de la o, pasando así de una palabra con masculino neutro a otra de género más inclusivo.
La segunda estrategia es la metatextualidad, que incluye, como la estrategia mencionada por Rose (2016), prefacios, notas del traductor y otros tipos de paratextos para explicar al lector meta cuáles son las intenciones políticas de la traducción.
La tercera estrategia de Castro (2008) es el secuestro, en el que el traductor se apropia de un texto, sin unas intenciones necesariamente feministas, introduciendo neologismos o sustituyendo el masculino genérico por otra forma más inclusiva. En definitiva, realizando cambios que puedan mostrar el texto original desde una perspectiva más feminista e inclusiva.
Quizá sea poco recomendable intentar poner todas estas estrategias en práctica en el mismo texto, aunque no sean incompatibles entre sí.
Un EJEMPLO práctico

No hace mucho, en 2021, elegí la novela You are the only friend I need, de Alejandro Heredia, como objeto de estudio para realizar mi proyecto de fin de grado en mis estudios de traducción e interpretación. Ya os hablé de ella en una entrada anterior en este blog. Uno de los motivos que me llevó a decidirme a estudiar esta obra fue el hecho de que era un desafío lingüístico irresistible para cualquier traductor literario; entre otras cosas, porque trataba la no conformidad de género, la diversidad sexual, racial, cultural y geográfica, y eso significaba tener que profundizar en el estudio de la traducción queer.
Os voy a contar ahora cómo puse en práctica las estrategias que he resumido anteriormente.
De las cuatro historias que componen esta obra, You are the only friend I need es, sin duda, el relato con más carga queer de toda la obra. En una primera fase de análisis del texto original, decidí utilizar el morfema «e» de género no binario con los personajes protagonistas, siguiendo así las estrategias propuestas por Tratnik(2011), Giustini (2015) o Castro (2008) para reinventar el lenguaje acorde con los personajes.
Sin embargo, estos mismos personajes se están reinventando a sí mismos a lo largo del relato e indican, en un momento dado del mismo, que se sienten más cómodos refiriéndose a ellos mismos con pronombres femeninos.
- (1) They’ve been doing this new thing where they refer to each other in feminine pronouns, and it feels good. Simple. (p. 36, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
Entonces, ¿por qué se tendría a usar otro tipo de pronombre? Si estos personajes se refieren a sí mismos con los pronombres femeninos, sería incoherente usar un pronombre diferente para referirse a ellos en el resto del relato.
Este hecho es inapreciable en el texto original, porque en la mayoría de los casos el inglés no exige marca de género. Solo se hace visible cuando Fabio llama a Noel «loca».
- (2) “I told you, loca, friend of a friend. You know how that goes, everybody has a gay cousin,” (p. 36, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
Por supuesto, no debemos traducir el término «loca» por su equivalente en inglés, porque en ese caso perderíamos el efecto deseado del autor. En esta ocasión, el hecho de poder marcar el género en la palabra prevalece sobre la alteración de códigos. Si el autor no hubiera escrito el término «loca» en español en el texto original, no hubiera podido marcar el género femenino. Esto es lo que ocurre en el ejemplo (18), en el que Noel y Fabio están bromeando.
- (3) „You’re sick,“ Noel says, rolls his eyes, but he laughs. (p. 36, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
En este caso es imposible apreciar el género con el que Noel se refiere a Fabio. Sin embargo, esto es algo que podemos cambiar en la versión traducida. Podemos darle más fuerza al discurso de Noel traduciendo este diálogo con la marca de género femenino. La propuesta de traducción de este ejemplo quedaría de la siguiente manera:
- (3’) —Estás enferma —dice Noel, poniendo los ojos en blanco, pero riendo.
Como se ha mencionado anteriormente, se ha realizado esta marca de género en todo el relato, no solo en las conversaciones. Cada vez que se habla de uno de los personajes principales, se utiliza el pronombre femenino. Esto puede resultar un poco confuso para el lector meta al principio, si no está acostumbrado a este tipo de textos, pero lo irá entendiendo a medida que va leyendo.
- (4) Wherever the night finds them, they are optimistic they will get by with what they have. (p. 33, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
- (5) If Noel and Fabio were remotely interested in girls, they would turn to face them, offer unwarranted compliments as they’ve been taught to do. (p. 34, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
En los casos (4) y (5) podemos ver ejemplos en los que el texto original no muestra marca de género y, sin embargo, al hacer la traducción, debemos escoger uno. Decidimos ser consecuentes con la identidad de género de los protagonistas y traducimos con el morfema femenino. Usamos, pues, la estrategia de la suplementación de Castro (2008).
La propuesta de traducción sería la siguiente:
- (4’) Donde quiera que las lleve la noche, se sienten optimistas y creen que se las arreglarán con lo que tienen.
- (5’) Si Noel y Fabio estuvieran remotamente interesadas en las chicas, les dedicarían piropos innecesarios tal y como les han enseñado a hacer.
Desarrollamos esta estrategia a lo largo de todo el relato, cuando es necesario. Encontramos, también, alguna ocasión en la que el texto original sí realiza marca de género y en este caso el autor usa el masculino para referirse a los personajes protagonistas.
- (6) Noel and his friend walk past one of the unlucky couples and laugh. (p. 33, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
- (7) They are boys, sixteen and still running the streets on their parents’ money. (p. 33, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
En la traducción del caso (7) optamos por generalizar la afirmación y encontramos en «adolescentes» un equivalente que cuadra bien en este contexto. Para el caso (6) decidimos tomar la decisión de seguir la estrategia del secuestro, de Castro (2008), y sustituimos el masculino por el femenino para mostrar el texto desde la perspectiva de los protagonistas.
Las propuestas de traducción serían las siguientes:
- (6’) Noel y su amiga pasan al lado de una de esas desafortunadas parejas y se ríen.
- (7’) Son adolescentes, con dieciséis años y aún recorriendo las calles con la paga que les dan sus padres.
Hay un momento en el relato en el que se realiza un pequeño flashback, donde el lector da algunas pinceladas de información sobre cómo fue la infancia de los protagonistas. Ahí encontramos el caso (8).
- (8) Showing up to a friend’s fight, just in case. (p. 39, «You are the only friend I need», You are the only friend I need)
Aquí tenemos el mismo caso de los ejemplos (4) y (5). En aquella época ellos ya sabían que no eran como los demás niños, pero aún no habían comenzado a usar el pronombre femenino para referirse a ellos mismos. Su universo aún era masculino. Por este motivo, en este caso concreto decidimos usar el morfema masculino en la traducción.
La propuesta de traducción es la siguiente:
- (8’) Metiéndose en la pelea de un amigo si es necesario.
CONCLUSIONES
Considero fundamental que los traductores tomemos conciencia de nuestro poder para dar visibilidad a ciertas minorías, sabiendo que sus voces serían acalladas con una traducción más tradicional. Existen textos en los que el género y la identidad sexual cobran cierta relevancia y resulta determinante incorporar estrategias de traducción que favorezcan estas identidades socioculturales que, por otro lado, no son nuevas en absoluto. Podemos encontrar numerosos estudios traductológicos, como hemos visto, de autores como Tratnik (2011), Giustini (2015) o Castro (2008) que abogan por una transformación positiva e inclusiva del lenguaje para mejorar el trabajo de traducción de algunos textos. Este es el paso previo a implementar un cambio en las prácticas lingüísticas. Poco a poco, estamos ayudando a que la lengua y la forma de expresarnos en la literatura evolucione hacia un mundo menos sexista.
BIBLIOGRAFÍA de consulta (por si queréis ahondar más en el tema)
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