Se llama “síndrome de la hoja en blanco” al bloqueo que tiene alguien al querer escribir y no ser capaz de empezar. Esto, en cierto modo, lo he sentido con este escrito. Y es que las primeras palabras pueden ser claves, como en un edificio, si la construcción no se empieza bien, puede ser difícil de enderezar después. Así pues, empecemos por lo básico, el título de esta epístola. Titular este escrito con palabras tales como “crítica” o “análisis” hubiera sido demasiado pretencioso tratándose de un libro de un Premio Nobel. Servidor no es más que un ignorante leído (de ahí el pseudónimo), sin formación humanística en general ni en literatura en particular, únicamente capaz de dar una ciega visión personal.

Siempre me ha molestado que se confunda la acumulación de conocimientos (el conocer) con la sabiduría, inteligencia o como queramos decir. Si la acumulación de conocimientos fuese inteligencia, entonces durante los últimos siglos hubiesen sido grandes sabios La Biblioteca de Alejandría, La Enciclopedia Británica o más recientemente La Wikipedia. Nada más lejos de la realidad. La verdadera sapiencia requiere algo de creatividad, de crear de la nada, y está al alcance de muy pocos privilegiados. Leyendo esta obra se percibe claramente que Saramago era uno y por tanto justo premio Nobel.

¿Qué motivó a un servidor a leer este libro? Tras leer Cien años de soledad, considerada la cima del realismo mágico, busqué otros libros que se catalogasen dentro de ese género y uno de ellos fue Ensayo sobre la ceguera. Ahora bien, después de leerla no queda claro que se pueda englobar dentro del realismo mágico. ¿Dónde entonces? Pues como todos los grandes libros, no se puede catalogar, tiene suficiente entidad propia, es un género en sí mismo. Y es que esta novela plantea un futurible tan realista, que no se sabe si catalogarla como fantasía, ciencia ficción o qué.

La novela narra el comienzo y avance inicial de una particular enfermedad que, aunque calificada de ceguera, es más bien una saturación en blanco de la visión. Saramago, partiendo de esta premisa, en un derroche de imaginación propone un escenario de reacciones humanas fuera y dentro de un círculo de afectados iniciales. Fuera, unas autoridades gubernamentales y militares adoptan una serie de medidas profilácticas con nula sensibilidad hacia los afectados, aislándolos como a auténticos parias apestados. Este gobierno que los controla, recuerda a veces al de la célebre 1984. Dentro, abandonados los afectados a su libre albedrío, se producen diferentes alternativas de autoorganización que se acaban enfrentando recordándonos a ese otro clásico de la literatura que es El señor de las moscas. En ambas perspectivas, vemos lo mejor y lo peor de la condición humana, de la más altruista solidaridad al más repugnante y execrable egoísmo y abuso, ambas por desgracia caras de la misma moneda. Esta primera parte es sin lugar a dudas la más intensa e interesante. Saramago hace un extraordinario ejercicio de especulación ofreciendo una posibilidad creíble (por desgracia en algunos puntos).

José Saramago

Sigue después una segunda mitad más convencional que, aunque no deja de tener su interés, empequeñece frente a la primera parte. Vemos aquí cómo ha cambiado la vida en la ciudad (y se entiende que en el país y mundo entero) por la propagación de la enfermedad. En un mundo no preparado para una ceguera generalizada de manera tan súbita, la gente tiene que intentar adaptarse, aunque no con mucho éxito, para a duras penas sobrevivir. Nos muestra un mundo apocalíptico que sería un halago calificar de insalubre. Sin embargo, el ejercicio de imaginación en esta parte no es ni mucho menos tan exuberante. No llega ni por asomo al nivel al que años después lo haría Cormac McCarthy en La carretera. Incluso hace alguna pequeña incursión en el mundo de la religión que aunque inicialmente prometedora, después no llega a profundizar. En vista de esto, no sorprende el cierre. No tengo ánimo de destripar la novela (me niego a usar el barbarismo “spoiler”) y me he esforzado en todo el texto por que así sea. Únicamente referiré que se trata de un final feliz bastante previsible, privando por desgracia a la novela de una conclusión a la altura de la primera parte.

La técnica con la que está escrita es un tanto difícil de seguir inicialmente, sin marcados diálogos narrativos, pero se acaba uno acostumbrando. Como punto a destacar son los personajes que plantea. Son personajes de lo más variopinto, en condición social, género y edad. Es algo destacable en una novela de los años ochenta, sin presión externa alguna de ningún tipo de cuota, haciendo por ello que la selección de personajes se perciba de manera natural, nada forzada. Esta variedad de personajes, interesantes, creíbles y bien perfilados; con sus vicisitudes, sus sufrimientos y sacrificios hace que sea prácticamente imposible no empatizar con alguno de ellos (cuando no varios o todos). Tiene además Saramago el gran acierto de no asignarles nombres a los mismos, sino que los distingue por características personales fácilmente identificables y recordables. Por lo menos para mí, es algo de agradecer, que tengo serios problemas para recordar los personajes de muchas novelas.

‘A ciegas’ (2008), dirigida por Fernando Meirelles

Si al llegar al final, uno se queda con ganas de más, hay una versión cinematográfica dirigida por Fernando Meirelles (conocido por Ciudad de Dios) que se titula A ciegas. Es una adaptación correcta, fiel a la novela y sin grandes pretensiones. Después de leerlo me enteré de que existe un relato del gran H. G. Wells titulado El país de los ciegos y en el que parece que se inspiró. Tiene también una segunda parte titulada Ensayo sobre la lucidez. En otro orden de cosas, ya a nivel patrio hubo una película hace unos años sobre un virus letal y una posterior apocalipsis, Los últimos días. A buen seguro, el guionista leyó previamente esta novela, ya que hay varias similitudes.

Y llegamos ya al final, superado por completo el “síndrome de la hoja en blanco”. Solamente resta decir que este es uno de esos libros que han marcado un antes y un después en mi hábito lector. No se dejen influir por mi no tan buena sensación de la segunda mitad, seguramente se deba al tan buen sabor de boca que deja la primera. Tengo ya una lista de libros de Saramago a leer a continuación. Espero tener en breve motivos para escribir otra breve reseña sobre la visión de otro libro por parte de este su ignorante leído.

IgnoranteLeido

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