Recientemente os hablé del último corto que he dirigido. Hoy me gustaría hablaros del primer corto, así podréis ser testigos de la evolución que he vivido en todos estos años.

Los inicios siempre son duros. En nuestro caso fueron muy muy duros.

El cortometraje se titula “Dos van por tres calles” y significó mucho para nosotros, los por aquel entonces llamados ‘La Buitrera’ (otro día os hablaré de este colectivo), no solo porque ganáramos con él nuestro primer galardón en un concurso de cortos, primer premio en el I Certámen Freakfest Cortobasura (Córdoba, 2002), sino porque fue la constatación de que sí podíamos hacerlo, ¡podíamos hacer cortometrajes!

Fue un éxito para nosotros, porque justamente veníamos de un fracaso cinematográfico que podría haber hundido nuestras esperanzas de seguir con aquello. Pero fuímos más fuertes y constantes.

Rondaba el año 1997 cuando el grupete de colegas de clase (creo que tercero de BUP) decidimos hacer un corto. Contábamos con la videocámara de 8mm de mi padre y con un montón de gente que quería participar, así que me preocupé de escribir un guión con el que pudieramos ofrecer un papel para todos los que deseaban formar parte. Resultado: una empresa que nos vino grande y se nos fue de las manos.

El guion contaba la historia de un grupo de amigos que se juntaba, después de muchos años sin verse, para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Todos habían sido invitados, menos uno del que no se encontró su dirección a la que enviar la invitación. Pero él si los encontró a ellos y empieza así su venganza por no ser invitado, asesinando a sus antiguos amigos uno a uno. Una historia de amistad, violencia, muerte y superhéroes que se iba a titular “El silencio de los Buitres”.

Nunca llegó a rodarse, actualmente solo cuento con algunas cintas 8mm en las que están grabados los ensayos de algunas escenas, que eran un descontrol porque nunca conseguíamos juntar a todos los ‘actores’. Tras meses de decepciones decidimos darnos por vencidos. Fue un auténtico desastre. Ni siquiera terminé de escribir el guión completo.

Después de aquello pensamos en hacer algo más simple, con pocos actores y el mínimo diálogo posible. Y así nació “Dos van por tres calles”, una apuesta llevada a límites insospechados. Algo mucho más fácil que lo anterior. Disfrutamos muchísimo rodándolo, porque solo participábamos los realmente interesados, los verdaderamente motivados con el proyecto, que éramos cuatro.

Después del rodaje, la edición fue un infierno, porque no teníamos medios ninguno. Por aquel entonces yo contaba con un humilde Pentium 486 y ni siquiera conocía la existencia de programas de edición como el Adobe Premiere, que comencé a usar unos años más tarde. ¿Y cómo lo editaste? Preguntaréis, pues muy fácil, con la cámara, un vídeo VHS y un monitor. Todo interconectado, le daba al play en la cámara para que la imagen se emitiera en el monitor y cuando llegaba el plano exacto que yo quería, le daba al REC en el video. Tenía su aquel, porque el video no empezaba a grabar de forma inmediata, sino que necesitaba un proceso de preparación antes de encender la lucecita roja de “vale, estoy grabando”. El proceso duraba ‘dos mississippis’, con lo que el procedimiento de edición era tal que así:

Le daba al PLAY en la cámara y visionaba en el monitor todas las tomas de un plano que habíamos tomado, elegía la que más me gustaba, retrocedía en la cámara el plano entero más cuatro mississippis, le daba al PLAY, contaba dos mississippis y le daba al REC en el vídeo, esperaba a que pasara el plano y pulsaba el STOP en el reproductor de vídeo. Acto seguido, debía retroceder el plano grabado en la cinta VHS para ver si había cuadrado perfectamente y lo daba por bueno. Si era así, respiraba aliviado y repetía el proceso con el plano siguiente, sino, pues vuelta a empezar con el mismo plano.

De media necesitaba unos cuatro o cinco intentos para clavar el plano de la forma deseada, por eso tardé tanto en editar este corto. Y con el siguiente que rodamos, que llegó a durar 25 minutos, ni os cuento.

Esto hizo que cuando grabamos el tercer corto, buscara siempre el plano secuencia, cuanto más largo era el plano, más cosas contaba del tirón y menos trabajo de edición tenía yo después. Afortunadamente, con el tercer corto, el método de edición mejoró drásticamente, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento.

¿Y qué os puedo contar de los títulos de crédito? Fue lo que se nos ocurrió para salvar ese escalón tecnológico, no teníamos ni idea de cómo hacer que aparecieran letras en la parte baja de la pantalla y subieran lentamente para desparecer por arriba. Eso aún era magia para nosotros. Recuerdo que posteriormente realicé otra versión un poco más seria, con los créditos escritos en un bloc, al que pasaba las páginas. Intentaré encontrar esa versión, no por la seriedad de los créditos, sino porque quizá tenga mejor resolución de imagen, aún estando también en VHS. Porque el vídeo que estáis a punto de visionar tiene una calidad de imagen paupérrima, el audio no está tan mal, dadas las circunstancias. Debéis tener en cuenta que partimos de un original grabado en una cinta VHS muy trillada de tanto cortar y pegar planos. Pasé la cinta a DVD hace unos años y, bueno, la calidad deja mucho que desear. Por lo menos se puede medio ver y escuchar, me doy con un canto en los dientes.

Por otra parte, dejando a un lado la calidad, es posible que el contenido del cortometraje os deje un poco con el culo torcido. Si es así, significa que hicimos bien nuestro trabajo, porque esa era justamente la reacción en el público que andábamos buscando.

Debéis saber también que la foto de la portada es la original, la cutre que hice hace más de veinte años. La primera carátula que hice.

Sin más, os dejo con el cortometraje “Dos van por tres calles”. Espero que lo disfrutéis. Ya me contaréis.

Quizá os estéis preguntando qué pasó con el guión de “El silencio de los Buitres”. La historia era demasiado ambiciosa para dejarla escapar, así que decidimos que haríamos una novela con ella. Pero después de meditarlo, nos dimos cuenta de que esa historia debía ser la segunda parte de una trilogía, pues antes debíamos contar muchas más cosas sobre aquellos personajes.

Así que, compramos un cuaderno de tamaño cuartilla y nos pusimos a escribir “El último music festival”, la primera parte de la trilogía “La Buitrera”.

Fuimos seis los miembros del Colectivo La Buitrera los que participamos en la escritura de aquella novela (aunque uno no escribió ni un solo capítulo), nos íbamos pasando el cuaderno y cada uno se tomaba su tiempo para escribir un capítulo. Por eso tardamos unos dos años en acabar la novela. Fue mucho tiempo y cuando nos propusimos comenzar con la segunda parte, la ansiada “El silencio de los Buitres”, la motivación ya no era la misma y después de algunos capítulos, solo quedamos dos colaborando en su escritura. No fue nada fácil acabar aquella segunda novela.

La primera, “El último music festival”, se autopublicó con Ediciones Lulú, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento.

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