Siempre que me preguntan por qué corro… bueno, en realidad solo me ha preguntado esto mi madre…

Vuelvo a empezar.

Siempre que mi madre me pregunta por qué corro, suelo responderle que me ayuda a estar en forma, a pensar, a despejarme y a ordenar mis ideas. Aunque a veces solo le digo “yo qué sé, mama”. Pero también le suelo responder que es una excusa formidable para conocer ciudades nuevas, una magnífica forma de hacer turismo. Y es que hay medias maratones por todos lados. Ya he corrido varias carreras en España, Alemania y Reino Unido, pero ahora que tengo blog puedo aprovechar estos viajes para hablaros un poco de las ciudades que voy visitando gracias a las medias maratones. No pretendo hacer una guía de viajes, ya hay muchos y muy buenos blogs especializados en eso, pero quizá mi experiencia os pueda ayudar un poco más en organizar mejor vuestra aventura. La llamaremos “medioguía”.

Mi objetivo es correr en todas las capitales europeas, a ver si lo consigo.

La última media maratón que he corrido fue el pasado 24 de agosto en Reykjavík, la capital de Islandia. Llevaba mucho tiempo queriendo visitar esta remota ciudad y por fin lo he conseguido. Y ha sido una pasada.

REYKJAVÍK

Lo primero que debes saber sobre Reykjavík, e Islandia en general, es que es muy caro, con lo que lo mejor es reservar vuelos y hospedaje lo antes posible. Nosotros fallamos en esto y al final, por ajustar los vuelos al presupuesto, solo hemos podido ir cinco días y, encima, el primero llegamos por la tarde y el último nos fuimos por la mañana, con lo que se podría decir que hemos pasado allí un fin de semana largo, y, por consiguiente, nos hemos dejado muchas cosas por ver y hacer. Que no te pase a ti lo mismo.

Nuestra primera idea fue alquilar una furgoneta camperizada para poder visitar sitios de la isla a nuestro aire, pero dado que con tan poco tiempo no íbamos a poder alejarnos mucho, que yo tenía la media el sábado —y luego me gustaría darme una buena ducha— y que los precios de las furgonetas eran mucho más caros que los hoteles, decidimos quedarnos por Reykjavík. La ciudad se suele usar más como el punto de entrada y salida del país, la mayoría de los turistas suelen alejarse de ella para visitar el resto de la impresionante isla, pero lo cierto es que Reykjavík tiene mucho que ofrecer y, además, hay muchas excursiones que usan la ciudad como campamento base y que muestran al turista los maravillosos alrededores. Así que decidimos hacer una excursión por día, es decir, que tendríamos tres excursiones más la carrera.

Qué hacer en Reykjavík en tres días

La ciudad es muy bonita, y merece la pena perderse por las calles del centro y dar una vuelta sin mirar el reloj. No te puedes dejar sin ver el puerto, que es la zona más antigua, con una arquitectura muy interesante, la Catedral Hallgrimskirkja y su imponente estructura, la calle Laugaveugr, la más concurrida, quizá, pero indispensable, Solfar el Viajero del Sol o el edificio Harpa Concert Hall.

Hallgrimskirkja

Reykjavík también es el punto de partida de muchas actividades. Es interesante reservarlas con antelación para ir sobreseguro, y si lo haces, es importante que las reserves cuando ya tengas alojamiento, porque hay muchas actividades en las que, por un poco más de dinero, puedes solicitar que vayan a recogerte a la puerta de tu hotel. Si estás alojado en el centro, a lo mejor no te interesa, pero si tu hotel está un poco en las afueras, como fue nuestro caso, quizás sí te merezca la pena.

Supongo que habrá más de una, pero para reservar las diferentes actividades, nosotros usamos la web www.getyourguide.com, que tiene su propia aplicación para el móvil, desde la que es muy fácil ver el listado de actividades que se ofrecen. Dejo el link aquí abajo.

https://play.google.com/store/apps/details?id=com.getyourguide.android

Hay varias actividades que son imprescindibles si vas a Islandia, tanto si vas por tu cuenta como si las reservas por esta u otra aplicación para hacerlas con guía. Nosotros tuvimos que escoger tres, pero nos hubiera gustado hacer más (tendremos que volver).

Si vas a Islandia no puedes dejar de hacer lo siguiente:

– Avistamiento de ballenas

Precio: ronda los 80 euros (las lanchas rápidas suelen ser más caras).

Estas excursiones duran entren 2 y 4 horas, dependiendo del tipo de embarcación que escojas: grande y lenta o pequeña y rápida. Nosotros recomendamos el barco grande y un poco más lento, porque, aunque tarda un poco más en llegar a la zona en la que están las ballenas, es menos intrusivo para los animales y son más baratos.

Hay que tener en cuenta que el mejor periodo del año para ver ballenas es verano; en invierno las ballenas se van a aguas más cálidas y pasan de los turistas, les da igual que tu te hayas gastado un dinero para verlas. En cualquier caso, nadie te asegura poder verlas, ni siquiera en verano. Son animales salvajes e impredecibles. Los barcos se acercan a la zona de la bahía en la que suelen estar y esperan, si ven alguna, se mueven en su dirección y la siguen un rato. Nosotros tuvimos suerte y vimos la aleta de dos ballenas minke, o quizá vimos dos veces a la misma ballena.

Eso negro es la aleta de una ballena minke

Hay excursiones de este tipo que también incluyen avistamiento de frailecillos (puffins). Desconozco si los barcos van a otros sitios de la bahía donde puede que estos simpáticos animalillos descansen, pero lo cierto es que suelen rondar la misma zona que las ballenas, y se podrían avistar alguno durante el viaje. Nosotros no vimos ninguno.

Los barcos suelen buscar las ballenas por esta zona
Esto es un frailecillo

Hay varias empresas que realizan este tipo de excursiones, nosotros escogimos a Edling, que ha sido premiada varios años por ser la más respetuosa con el medio ambiente. Nos sorprendió que el guía se llamara José y fuera español, aunque desempeñó su trabajo en inglés, por razones obvias.

Esta fue la actividad que hicimos el jueves por la mañana. La tarde la ocupamos en pasear por la ciudad y en ir a recoger el dorsal para la carrera.

– Tour por la costa sur de Islandia

Precio: unos 130 euros

Duración: 11 horas

Este tipo de excursiones incluye las visitas a las cascadas Skógafoss, una de las más grande del país con una caída de agua de 60 metros, y Seljalandfoss, por la que se puede pasar por detrás. Ambas son impresionantes. También pasa por Selfoss, cuna y centro de la producción láctea del país y el lugar donde descansa Bobby Fischer, el mayor jugador de ajedrez del mundo, y muy cerca del famoso volcán subglaciar Eyafjallajökull, cuya espectacular erupción de 2010 paralizó el espacio aéreo europeo.

Seljalandfoss

Existen dos variantes de esta excursión: la clásica, que te lleva a Vik, un pequeño pueblo precioso, de unos 300 habitantes, costero, pero sin puerto debido a las interminables playas de arena negra; o la aventurera, que te invita a caminar sobre un glaciar. Nosotros escogimos la segunda opción y alucinamos con la caminata por el hielo, ayudados de necesarios crampones. Incluso pudimos beber agua de glaciar, la más pura que podrás llevarte a la boca, directamente desde un riachuelo. Fue increíble.

Esta fue la excursión que hicimos el viernes y, evidentemente, nos ocupó todo el día. Después de ella, solo nos quedó tiempo para cenar algo de comida islandesa, de la que hablaré más tarde, y luego directos a la cama, que había que descansar para correr al día siguiente.

– Blue Lagoon

Precio: desde unos 80 euros, depende de la temporada a la que vayas, la disponibilidad que haya y el paquete que escojas.

Se trata de una de las actividades obligadas para todo turista y fue perfecto para hacerlo el sábado, y relajarse después de la carrera.

La Blue Lagoon, una laguna artificial de aguas a unos 38 grados con alto porcentaje de silicio, está considerada como uno de los balnearios más populares y reconocidos del mundo y para esta sí es muy recomendable que reservéis entrada con antelación, porque suele estar muy solicitada y las entradas se agotan rápido. Podéis reservar en su propia página web (www.bluelagoon.com) y si lo necesitáis, por un poco más, podéis añadir un servicio de transporte desde la terminal de autobuses de Reykjavík o desde la puerta de vuestro hotel. Claro, que esto no será necesario si habéis alquilado un coche.

La experiencia es una gozada. Te ponen una pulsera electrónica, que será la llave de tu taquilla y también un monedero electrónico, por si compras bebidas (recomendable, pues el cuerpo se deshidrata al estar mucho tiempo en aguas a esas temperaturas y por su alta concentración de minerales). Luego vas a los vestuarios (hay de hombres y mujeres) y te haces con una taquilla, lo cual, en mi caso, llevó algún tiempo pues había demasiadas personas y pocas taquillas libres. Tras cambiarte, de camino a la laguna, encuentras unas duchas que debes usar. Recomiendan encarecidamente que uses el acondicionador de pelo, sobre todo si lo tienes largo, y te lo dejes puesto sin enjuagar durante la actividad, pues el agua de la laguna lo puede dejar superseco y estropajoso.

Una vez dentro de la laguna, experimentarás una repentina sensación de bienestar. Las conversaciones ajenas no te importarán nada. Puedes (y debes) ponerte en la cara al menos una mascarilla de Lodo de Silice, que te proporcionan dentro del agua y que viene incluido en el precio de entrada, hará maravillas en tu piel (puedes comprar mascarillas de otros tipos de algas adicionales, si lo deseas). También está incluida en el precio de entrada la primera bebida, puedes obtenerla en un bar adyacente o en una barra que hay dentro de la laguna, sin tener que salirte del agua.

Explora la laguna, deja que las pequeñas cascadas golpeen tus hombros, relajándolos, limpia tu piel en alguna de las saunas o en los baños de vapor.

Si quieres aprovechar tu estancia, no reserves solo una hora, pues perderás algo de tiempo en la entrada y en la salida al balneario. Intenta reservar una entrada que te permita estar dentro de la laguna al menos un par de horas, las disfrutarás.

Puedes terminar tu estancia en la laguna con una cena en el restaurante Lava, que está dentro de las instalaciones, o incluso puedes pasar la noche allí, pues tiene dos hoteles.

Estas son las tres actividades que hicimos nosotros, intentando aprovechar al máximo el corto espacio de tiempo que estuvimos en Islandia. Pero hay muchas más actividades, de hecho nos dejamos algunas muy importantes y populares, como el tour al Círculo Dorado, el parque nacional Thingvellir, la catarata Gulfoss o los géiseres Geysir y Strokkur, auroras boreales (para esto hay que volver en invierno, cuando la oscuridad sea plena) y otras muchas cosas. Vamos, que tenemos que volver.

Qué comer en Reykjavík

Islandia tiene algunos platos típicos que deberías probar antes de abandonar el país. Os voy a contar algunos de ellos.

Pylsa. Esto es básicamente un perrito caliente con ciertas salsas y con cebolla, está muy rico. Existen muchos puestos o kioskos callejeros en los que comprarlos, nosotros vimos varios, pero el más famoso de ellos, sin duda, es Bæjarins Beztu Pylsur, que está cerca del puerto. Dicen de él que tiene los mejores perritos del mundo. Hay que probarlos, están realmente buenos. Nosotros lo hicimos antes de ir a ver ballenas, por aquello de que nos pillaba de camino.

Hakarl. Tiburón fermentado en putrefacción. Huele horrible y sabe muy fuerte, te deja un extraño sabor a amoniaco (si has probado alguna vez el amoniaco me comprenderás). Se sirve en pequeños taquitos y acompañado de un chupito de Brennivín, o “muerte negra”, un licor con alrededor de un 37% de alcohol típico de Islandia, elaborado con la pulpa de patata fermentada y aromátizado con tomillo, alcaravea y angélica. También es fuertecillo, pero hace que se te olvide un poco el sabor del tiburón muerto. Al probarlo me pregunté por qué aquello es una comida típica y si los locales lo comen habitualmente o es solo para impresionar a los turistas. No hallé respuestas, porque no formulé mis preguntas en voz alta. Pero Bert Archer comenta en su artículo “Cómo los islandeses aprendieron a comer pescado podrido para sobrevivir al clima extremo” que los islandeses tienen una relación con la comida muy diferente al resto de nosotros. Los islandeses se sienten orgullosos de lo mala que es su comida tradicional. La historia de esta relación con la comida es interesante: rondando el año 871 llegaron los primeros colonos y encontraron tierra para cultivar, pero más o menos en el año 1000 ya se habían quedado sin árboles y estos no volvieron a crecer, con lo que la tierra se erosionó. Sin la posibilidad de poder importar alimentos desde Europa por la distancia, el pueblo islandés se desarrolló en un estado de hambruna casi constante, obligado a comer lo que fuera para sobrevivir. La carne de tiburón de Groenlandia o la raya es tóxica para el consumo humano, pero puede ser una fuente de proteínas si se la deja pudrir un tiempo, y como ya está podrido, se conserva bastante bien. Con el tiempo, la dieta islandesa ha evolucionado, pero la tradición de comer pescado podrido aún perdura, pues los conecta con su pasado escandinavo.

El Hakarl es el tarrito blanco del centro con la bandera islandesa

Este delicioso platillo lo probamos en el Bar Loki, que está enfrente de la Catedral. Un local perfecto para probar platos típicos islandeses.

Café Loki

Íslensk Humarsúpa. Sopa de Langosta. Es una sopa cremosa hecha a base de langosta y servida (al menos a nosotros nos la sirvieron así) dentro de un pan. No tenía grandes expectativas con este plato, porque no soy yo mucho de marisco, pero he de reconocer que estaba exquisita. También probamos la típica sopa de carne y otra sopa de pollo (esta última también servida en un pan), y debo decir que la de langosta fue la que más me gustó, con diferencia. La recomiendo encarecidamente, además, después de un día largo de caminata, de ver cascadas o géiseres, o caminar por glaciares, creedme cuando os digo que entra divinamente. Nosotros la probamos en un restaurante que se llama The Downtown Café & Bar, que está en la calle Laugavegur, pero dentro encontramos gente local. Este plato se puede encontrar en otros locales de la zona, sobre todo cerca del puerto. Uno de los más populares y recomendados es Sægreifinn, unos de los restaurantes con más encanto de la ciudad, que nosotros, por desgracia, no pudimos visitar.

Humarsúpa

Hamburguesa de ballena. Dicen que sabe a ternera, por aquello de que ambos son grandes mamíferos. También la puedes encontrar de frailecillo. Nosotros teníamos serias intenciones de probarla, pero nuestra primera actividad, la de avistamiento de ballenas, nos dejó un sabor de boca un poco amargo. Por lo visto, los islandeses ya no consumen tanta carne de ballena, es más un plato para los turistas, con lo que se sigue cazando casi en exclusiva para este fin. Hay algunos restaurantes en el centro de la capital donde puedes encontrar estos platos, pero al final, nosotros decidimos no hacerlo. ¿Nos habremos vuelto vegetarianos? Quién sabe.

Dónde alojarse en Reykjavík

Desde mi experiencia, lo que yo recomiendo es alojarse lo más céntrico posible, para ello, debes ser previsor y reservar con mucho tiempo de antelación, ya sea hotel o apartamento en Airbnb, para evitar precios desorbitados. Nosotros no seguimos este consejo y nos pilló el toro. Fuimos mirando hoteles un poco más alejados, buscando algo barato. Al final acabamos en uno que está a más de 4 km del centro. En el mapa no parecía tanto, pero cuando llegamos nos dimos cuenta de que la ciudad se dispersa a lo ancho conforme te alejas del núcleo urbano y que a partir de los 2 km ya parece que estás polígono industrial. Para estos casos, lo mejor es coger el transporte público, pero cuidado, porque es carísimo. Si segáis a necesitar coger un bus de línea, lo mejor que podéis hacer es que os instaléis la app. gratuita Strætó, con la que podéis comprar abonos de un día por unos 12 euros (al cambio), con que cojas el autobús tres veces en el día ya lo tienes amortizado. Os dejo el link aquí:

Aprovecho este punto para comentaros que el autobús fue en el único sitio en el que no tenían datófono para poder pagar con tarjeta. O pagabas en metálico (y no daban cambio) o pagabas con esta aplicación en el móvil.

Tópicos de Islandia que no hemos podido confirmar

En Islandia hace más frío que en misa. Bueno, el dicho no es del todo así, pero la gente cree que por estar tan al norte y tan lejos van a estar siempre casi al borde de la congelación. Pues no, o al menos nosotros no hemos tenido esa sensación. Hemos ido en agosto, pleno verano, y la temperatura era muy suave. No hacía calor, vale, pero tampoco hacía frío. El problema no es la temperatura en sí, es el aire. Cuando se levanta viento sí notas el frío. Pero durante nuestra estancia, los diferentes guías de las actividades que hemos hecho no se han cansado de repetir que estábamos teniendo mucha suerte con el tiempo, porque lo cierto es que hacía muy buena temperatura. Eso me hace pensar que el dicho de que allí siempre hace frío puede ser bastante cierto, pero que nosotros, simplemente, hemos tenido suerte.

En Islandia no hay árboles. Eso es lo que dicen, que no hay árboles, pero yo vi cuatro pinos en el aparcamiento del aeropuerto nada más llegar. Y luego, al llegar a la ciudad, vi algunos más. O sea, que haberlos, ‘hailos’, pero son pocos. Realmente, solo un 1,5% del país está cubierto de bosque. ¿Qué ha pasado con el resto? Antes había más, pero los primeros colonos los talaron para hacer casas, hogueras para calentarse y para proporcionar pasto a su ganado, que habían traído con ellos. El problema, como ya he comentado anteriormente, es que estos árboles no volvieron a crecer, en parte porque el ganado se comía las semillas y las hojas, y el suelo comenzó a erosionarse. Islandia ha sufrido uno de los mayores desastres ambientales provocados por el hombre en Europa. Ahora se le está intentando poner remedio mediante el establecimiento de un servicio forestal y una agencia de conservación del suelo.

En Islandia el agua caliente huele mal. Habíamos leído en varios sitios que el agua caliente en Islandia procede directamente del suelo, suministrada por plantas de energía geotérmica y que tenía un ligero olor a huevo podrido por su alto contenido en azufre. Que era perfecta para el baño, pero no ara beber. Íbamos preparados y curiosos, pero lo cierto es que en el hotel en el que nos alojamos, el agua caliente era tan inodora como el agua fría (la más refrescante y pura que puedas probar, pues provine de glaciares, y esto sí que lo notamos). ¿Por qué el agua caliente de la ducha del hotel no olía mal? ¿Quizá solo los hogares privados usan el agua caliente de las plantas geotérmicas y los hoteles tienen calderas o termos eléctricos, como en cualquier otro país? No estamos seguros y no hemos podido encontrar explicación a este fenómeno. Si vosotros sabéis la razón por la que el agua caliente de un hotel de Reykjavík no huela mal, os agradecería que lo mencionarais en los comentarios.

En verano no se hace de noche y hay 24 horas de luz. Bueno, esto no es del todo cierto. Nosotros hemos ido en pleno verano y os puedo decir que a las 23h era de noche y las farolas estaban encendidas. La oscuridad no era absoluta, pero no había duda de que era de noche. Yo he visitado el norte de Noruega en verano y allí si experimenté el sol de medianoche, es decir, que el Sol es visible las 24 horas del día. Esperaba algo parecido en Islandia y me sorprendió que anocheciera tanto.

Trolls, elfos, hadas y duendecillos. Por lo visto viven un montón de ellos en Islandia, y los islandeses los tienen muy en cuenta. Sin embargo, nosotros no hemos visto ninguno. También es verdad que tampoco nos hemos alejado mucho de la capital y no creo que allí vivan muchos, ¿no?

En Islandia no hay mosquitos. No hemos visto ninguno, eso es cierto, pero si vimos una mosca diminuta en la habitación, revoloteando cerca de la lámpara de la mesita de noche mientras leía antes de dormir. Me sorprendió y la seguí con la mirada. No era un mosquito (no me picó), pero por un momento me hizo dudar.

La media maratón de Reykjavík

No podía terminar este post sin hablar de la media maratón, que es lo que fui a hacer a Islandia.

Creo que había menos de 10.000 corredores en total, un buen número para poder correr a gusto.

La carrera comenzaba a las 8:40h de la mañana, la más temprana que he corrido. Tuvimos que coger el autobús para llegar al centro, eso hizo que yo andara un poco nervioso. Por tal de no perderlo, no me arriesgué y salí del hotel sin dar de cuerpo. Error. El autobús nos dejó a 1km de la salida más o menos y llegamos con el tiempo justo. Ya en el punto de salida, tardé en encontrar los servicios públicos portátiles. Había muchos, pero la cola de espera era bastante larga. Me dio tiempo, pero cuando terminé quedaban dos minutos escasos para la salida, con lo que no me dio tiempo a calentar y estirar convenientemente. Error.

A pesar de estos pequeños contratiempos, logré disfrutar bastante de la carrera. El ambiente era muy bueno y el tiempo acompañó durante toda la carrera. Los primeros 10 km fueron muy entretenidos porque íbamos por las calles del centro y cercanas al puerto, con lo que encontramos muchísimos vecinos que salieron a la calle para animar. Gritaban, aplaudían, ofrecían bebidas y comida a los corredores y encontramos algunos grupos de música improvisados. Los siguientes 10 km siguieron la línea de la costa y se alejaron del núcleo urbano, con lo que, de repente, había menos gente. Esto, unido a que hubo una pequeña cuesta arriba que duró unos tres kilómetros, hizo que mi ánimo se viniera un poco abajo. Aún así, intenté sacar fuerzas y acabé la carrera con la frente bien alta. Hice mi peor tiempo.

Al cruzar la meta, nos dieron la medalla de finisher y nos ofrecieron Acuarius y Cerveza de la marca Viking, muy popular allí. Solo tenía un 2,25% de alcohol, con lo que me animé a tomar una. Me sentó fatal. No sé si es que mi cuerpo no está acostumbrado al alcohol después de un ejercicio físico así, pero lo cierto es que me mareé en el autobús de vuelta al hotel. Sentí ganas de vomitar, pero al llegar al hotel me di una ducha y me eché un rato y se me pasó.

El mismo día de la carrera también se celebró en Reykjavík el Festival de la Cerveza y la Noche de la Cultura, lo que provocó que, por la noche, las calles de la ciudad estuvieran llenas de gente, bailando y bebiendo en la calle, con música en directo en cada esquina. Un fiestón como un demonio, vaya (aunque he leído que la vida nocturna de Reykjavík es muy activa, lo mismo esto pasa cada fin de semana). Fue el broche perfecto para un día increíble. Nos lo pasamos en grande.

Hace nada que hemos vuelto, pero yo ya quiero volver a Islandia.

Datos:

Media maratón de Reykjavik

Fecha: 24 de agosto de 2019

Tiempo: 2 horas 11 minutos

2 comentarios

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