Encontré esta novela en una estantería del Fnac de Madrid en uno de mis últimos viajes para examinarme de mi grado de traducción e interpretación y me llamó muchísimo la atención. En ese momento no la compré, porque ya llevaba en la bolsa otros tres libros y sabía que iba a tener problemas para meterlos en la mochila de forma cómoda para el viaje de vuelta, pero me guardé una foto de la portada para mi lista de deseos y, por fin, hace muy poco, mi mujer me la regaló.
Y la he devorado.
La premisa es inquietante, esta es la sinopsis:
Hace veinticinco años que no mata a nadie. Hace tiempo que lo cambió todo por llevar una vida normal. Pero Unji, su hija, lleva días sin pasar por casa y los números del teléfono se desdibujan cuando intenta llamarla. ¿Cómo funcionaba exactamente? ¿Cuál era el número? De hecho… ¿a quién quería llamar?
Para este asesino en serie retirado, la vejez no es el camino tranquilo que esperaba. Los primeros síntomas del alzhéimer se manifiestan al mismo tiempo que en su barrio comienzan a producirse una serie de crímenes. Alguien está secuestrando y matando a mujeres jóvenes, mujeres como su hija, ahora en paradero desconocido. Y, por si fuera poco, solo hace unos días que esta decidió presentarle a su prometido, un hombre con los ojos fríos como el hielo.
La novela está escrita en primera persona, desde el punto de vista del protagonista, Kim Byeongsu, que es un señor mayor con principio de Alzheimer, con lo que es un narrador muy poco fiable y no sabemos a ciencia cierta si lo que narra es cierto o es fruto del avance de la enfermedad. Está estructurada como entradas de un diario o apuntes en un cuaderno. Él necesita anotar todo lo que hace y tiene que hacer, para poder manejar mejor su vida y la situación que lo rodea, porque sabe y siente que está empezando a perder el control de forma inevitable. De esta forma, los capítulos son extremadamente cortos, con ideas inconexas o fragmentadas, en su mayoría; lo que consigue sumergirnos de lleno en la mente del protagonista para ser testigos en primera persona de su miedo y desesperación, que es palpable en cada línea.
El ser humano es prisionero del tiempo. Un enfermo de Alzheimer vive en una prisión cuyas paredes se van contrayendo. Lo hacen a una velocidad cada vez mayor. Siento que me ahogo.

Los capítulos tan cortos le dan al libro un ritmo de lectura vertiginoso y adictivo que, sumado a su brevedad (algo más de 150 páginas), hace que te puedas beber la historia en lo que dura un relámpago..
Es lo primero que leo de este autor, que es bastante popular en Corea del Sur y lleva más de veinte años escribiendo novelas y relatos cortos en los que retrata los miedos de la sociedad coreana moderna: la soledad, el tedio, el estancamiento y la muerte.
De esta novela se realizó una adaptación al cine que se titula Memorias de un asesino, estrenada en 2017 y dirigida por Won Shin-yun. Ahora tengo la necesidad de ver esa película.
Quién sabe si mañana seguiremos aquí es un thriller poco convencional, que en lugar de hacernos empatizar con la víctima, nos encierra en la mente de un monstruo en decadencia. Si buscas una lectura rápida con una estructura literaria arriesgada y un final que te deje pensando un buen rato, esta novela es para ti.
