Título: Un animal salvaje
Autor: Joël Dicker
Editorial: Alfaguara
N° de páginas: 446
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
Diseño de portada: David de las Heras
Publicación: abril de 2024
Hace unas semanas estuve de vacaciones con mi familia. Durante el día estaba en una playa del norte de Francia, pero por las noches, mientras todos dormían, yo viajaba a Ginebra. ¿Cómo lo hice? Leyendo la última obra de Joël Dicker, Un animal salvaje.
Sí, queridos amigos, he conseguido romper el bloqueo lector que arrastraba desde hacía ya muchos meses. Ha sido gracias al club de lectura de Ivan Panero (@booksbypanero en Instagram), lo encontré en uno de sus posts y dio la casualidad de que el siguiente libro que iban a leer era justamente el último que me había autorregalado yo en el día del libro de este año. Desde aquí, agradezco a Juan Panero y a todos los integrantes del club de lectura, porque sin saberlo, me estaban sacando de un pequeño pozo seco.
Y he de decir que hemos roto el bloqueo lector por todo lo alto. Es el primer contacto que tengo con este autor suizo y ha sido muy satisfactorio.
Como os he dicho al principio, la trama se desarrolla en Ginebra (ciudad natal del autor), principalmente, aunque los personajes también se mueven por ciudades francesas, como Saint-Tropez, que es el lugar de nacimiento de uno de los personajes y donde, aparentemente, comienza todo.
Veamos qué nos cuenta la sinopsis:
El 2 de julio de 2022, dos delincuentes se disponen a robar en una importante joyería de Ginebra. Un incidente que dista mucho de ser un vulgar atraco. Veinte días antes, en una lujosa casa de diseño rodeada de bosques, Sophie Braun se prepara para celebrar su cuadragésimo cumpleaños. La vida le sonríe, disfruta de su familia, de su hogar y del éxito en su trabajo, pero su idílico mundo está a punto de tambalearse. Su marido anda enredado en sus pequeños secretos. Su vecino, un policía de reputación irreprochable, se ha obsesionado con ella y la espía hasta en los detalles más íntimos. Y un misterioso merodeador le hace un regalo que pone su vida en peligro. Serán necesarios varios viajes al pasado, lejos de Ginebra, para hallar el origen de esta intriga diabólica de la que nadie saldrá indemne.
Parece interesante, y creedme que lo es. Tras leer la sinopsis, decidí regalarme este libro porque trataba sobre un robo, al igual que mi última novela, que está ahora mismo en proceso de edición y saldrá a la luz este año 2024. Pero me alegró descubrir que el robo es el único punto en común de las dos historias. En el caso de Un animal salvaje, el atraco a la joyería parece ser el punto final; el autor lo usa como una excusa para adentrarnos en las vidas de los personajes, que es lo más importante en esta historia. Poco a poco, vamos conociendo sus sueños, sus miedos, sus deseos y, por supuesto, sus secretos, porque en esta novela parece que todo el mundo tiene algo que ocultar.
Estaban tan felices por haberse encontrado que atribuyeron ese paréntesis de tres años a un desafortunado cúmulo de circunstancias.
Un animal salvaje, pág. 101
Pero los cúmulos de circunstancias están revestidos de apariencias.
Y no hay que fiarse de las apariencias.
La historia gira en torno a dos matrimonios, que viven en una zona residencial cara, alejada del bullicio del centro solo lo suficiente para estar en plena naturaleza. Arpad y Sophie, que residen en una casa de diseño, tienen dos hijos y todo les va de maravilla, aparentemente; y Karine y Greg, que viven en la misma zona, pero en un conjunto de casas adosadas, una promoción más barata para familias de clase media. La historia de estos cuatro personajes se enreda y tuerce cuando aparece un quinto jugador en escena.
No voy a entrar en detalles, porque a partir de aquí, todo lo que os diga podría ser un destripe (o un spoiler, como prefiráis). Solo os diré que la novela está construida de una forma exquisita, con unos saltos temporales perfectamente orquestados para que todo cuadre y con bastantes giros inesperados que te dejan con el culo torcido.
Lo que más me ha sorprendido de esta novela es la manera en la que Dicker juega con el lector. Nos muestra solo lo imprescindible para hacernos creer una cosa y, más adelante, nos da en las narices con la verdad. Es una técnica fabulosa que necesito aprender para implementarla en mis novelas, porque lo que más deseo con mis historias es dejaros con el culo torcido.

He leído que la obra maestra de Joël Dicker es La verdad sobre el caso Harry Quebert, libro que tengo en mi estantería y está esperando pacientemente su turno. Pero a raíz de la lectura de Un animal salvaje, he de decir que ha ganado puestos en la pila y que no tardaré en hincarle el diente, porque Un animal salvaje me ha dejado con ganas de seguir descubriendo a este autor.
