Debo confesar que me encanta la línea editorial de La Biblioteca de Carfax. Los diseños de cubierta de Rafael Martín (@rafaelmartinc en Instagram) son una pasada. Me gustaría hacerme con, prácticamente, todos sus ejemplares, pero voy poco a poco. De momento, solo tengo cuatro en mi estantería.

Hace un tiempo os hablé de Ratas, de Robert Herbert. Hoy os traigo Joyride, de Jack Ketchum, con una traducción de María Pérez de San Román.

Como me suele pasar con esta editorial, me llamó mucho la atención su cubierta. Muchísimo. Me recordó a un viaje que hice a Noruega en un volvo, aunque el mío no era rojo y deportivo, sino verde y familiar. Le di la vuelta al libro y, para mi sorpresa, no tenía una sinopsis al uso, sino un pequeño fragmento de la novela, que os voy a transcribir:

REPRESALIA

Aquí estoy, amigos y vecinos.

El señor Desastre.

El tipo que vive para volaros la tapa de los sesos.

El tipo que os ama, que ama vuestra sangre y vuestros huesos.

Es la hora de la venganza.

Una jodida y sagrada buena hora.

Que le ha llegado a todo el mundo.

Sugerente, ¿verdad? No explica mucho de qué va la novela, pero intriga bastante. Es inquietante y dan ganas de saber más sobre el protagonista de esta historia.

Pues me lo compré.

Antes de comenzar la historia, el autor hace una descripción de lo que significa Joyride, al más puro estilo Tarantino en Pulp Fiction. Es un viaje hecho por placer. Especialmente en coche y marcado por el hecho de que la conducción es temeraria o peligrosa (como un coche robado o después de delinquir). A medida que vas avanzando en la novela, te das cuenta de que el título le viene como anillo al dedo.

Voy a contaros un poco qué podemos encontrar en Joyride, sin hacer spoilers. La historia nos presenta a Carole y Lee, una pareja que intenta ser feliz, pero que no lo consigue porque el exmarido de ella, Howard, no deja de molestarla y acosarla. Un hijo de puta de cuidado que no parece aceptar la ruptura, después de haberla maltratado física y mentalmente. Carole y su amante llegan a la conclusión de que la única manera de deshacerse de él es matándolo. No querían llegar a ese punto, pero no ven otra salida. Y lo hacen. Lo llevan a un bosque y lo asesinan, pero tienen la mala fortuna de contar con un testigo. Wayne lo ve todo. Pero Wayne no es un testigo normal, él no quiere denunciar, quiere hacerse amigo de esos dos asesinos porque los admira, porque han hecho algo que él lleva tiempo queriendo hacer. Quiere compartir experiencias y sensaciones con ellos. Está loco y quiere conocer lo que se siente al quitarle la vida a alguien, como han hecho ellos. Así que los “invita” a hacer un viaje con él. Carole y Lee no pueden negarse y se ven arrastrados por las carreteras de Vermont y New Hampshire en un frenético tour de desproporcionada violencia aleatoria, montados en un volvo rojo (es una pena que la matrícula del coche que aparece en la cubierta no coincida con el que se describe dentro, hubiera sido un putazo).

La historia cuenta también con Rule, el policía encargado de investigar la desaparición de Howard, que se siente atormentado por el fracaso de su matrimonio.

Estamos ante una historia de terror, pero del real, del cercano, del que nos acecha a todos y nos puede sorprender cuando menos lo esperamos. El señor Ketchum es un maestro en esto y ha basado su villano en psicópatas reales. Pensar que existen personas así da escalofríos.

Su forma de escribir consigue, no solo que te metas en la historia hasta el punto de desear devorar el libro, sino que te metas en la cabeza de los personajes y que conozcas sus pensamientos. Al principio me resultó un poco chocante, pero luego disfruté muchísimo viviendo la historia desde dentro de cada uno de los personajes.

Sin lugar a dudas, este libro es un viaje increíble que no te puedes perder.

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