Encontré esta novela, como tantas otras, mientras paseaba por los pasillos del Fnac de Callao en Madrid. Me llamó la atención su portada, aunque parecía sencilla. Desde hace algún tiempo, voy a Madrid solo un par de veces al año, cuando tengo que examinarme, y siempre llevo el equipaje justo y necesario metido en una pequeña mochila —me gusta viajar ligero—, con lo que no me queda mucho espacio para todos los libros que me gustaría llevarme. Es, en cierto modo, una estrategia económica. Lo que suelo hacer es apuntarme los que me llaman la atención y luego, ya en mi casa, pasados unos días, vuelvo a echarles un vistazo y compro en formato digital los que verdaderamente deseo. Bien, pues con 2065 me sucedió algo extraño. No podía separarme del libro, no dejaba de sopesarlo en las manos, aunque sabía de sobra que no habría hueco en mi mochila para sus 368 páginas. Sin embargo, no podía devolverlo a la estantería, tenía cierto magnetismo que me atrapaba, así que no tuve más opción que coger el móvil y comprar la novela en formato digital allí mismo. Ha sido la primera vez que he comprado un libro en formato digital estando dentro de una tienda de libros y con el volumen en físico en la mano. Fue un acierto.   

Me atrajo tanto por su vinculación con el cambio climático, un tema que me preocupa como al que más y que está muy relacionado con mi próximo proyecto —que ya he comenzado a escribir—. El hecho de que su autor fuera José Miguel Gallardo, un reconocido meteorólogo, y que anunciara en la primera página que la historia estaba basada «en predicciones climáticas reales» fue determinante para que naciera en mí esa necesidad de hacerme con el libro, porque era eso precisamente lo que estaba buscando, predicciones climáticas reales.

La historia nos sitúa en un futuro no muy lejano, 2065, con lo que, con un poco de suerte, podremos comprobar por nosotros mismos si dichas predicciones climáticas eran ciertas. Aunque todo indica que si no hacemos nada por evitarlo, así será —y tiene toda la pinta de que no vamos a hacer nada—. José Miguel nos presenta una realidad un poco diferente a la que vivimos en la actualidad, con un cambio climático mucho más avanzado, cuando ya se ha vuelto una realidad mucho más palpable e innegable. En ese futuro cercano, el cambio climático provoca temperaturas muy altas con muchas más víctimas por golpes de calor que en la actualidad. Hay largas sequías, de hecho, al comienzo de la novela, que se desarrolla en Madrid, llevamos 183 días sin lluvia. Sin embargo, todas las predicciones indican que un huracán se acerca a la península peligrosamente. En medio de este panorama, el autor ha conseguido crear un thriller psicológico, de los que te dejan pegado al libro hasta el final, que gira y se desarrolla en torno al cambio global del clima en la Tierra.

El protagonista, Adrián Salor, es un asesor del Ministerio del Cambio Climático que al principio de la novela recibe la noticia del accidente mortal de su mujer, África, que ha quedado carbonizada en un lugar distinto a donde debía estar.

En el funeral, un extraño con una cicatriz se acerca a Adrián, que se sabe vigilado sin identificar a sus perseguidores ni sus motivos. Va al templo de Debod para desenterrar una cápsula del tiempo en la que África y él guardaron sendas cartas de amor, pero en lugar de las cartas encuentra una foto que África le ocultó durante demasiado tiempo, y en la que aparece el mismo hombre de la cicatriz (esto no es spoiler, forma parte de la sinopsis). A partir de este punto, Adrián comenzará un periplo para desentrañar las verdaderas causas de la muerte de su esposa y los entresijos de un poder corrupto que controla el planeta a nivel global. Una intrigante aventura llena de suspense y ansiedad que hace que uno no se sienta seguro ni en su propia casa y empiece a dudar de cada uno de los personajes.

Es una historia muy bien contada que te mantiene con el alma en vilo y lleno de angustia hasta las últimas páginas, con unos giros espectaculares que consiguen dejarte con la boca abierta.

Aparte de la trama principal, que no tiene desperdicio, José Miguel Gallardo da algunas pinceladas sobre cómo sería la vida dentro de unas cuatro décadas, en la segunda mitad de este siglo.

Es evidente que un significativo aumento de la temperatura de unos dos grados tendría repercusiones drásticas en muchos sectores, como el de la agricultura, en el que los cultivos de cereal, por ejemplo, se reducirían entre un 10 y un 30 por ciento. Habría falta de comida para alimentar a una población mundial aún más grande que la de ahora, lo que provocaría hambrunas y muchas más desigualdades entre ricos y pobres. También habría falta de agua, que sería motivo de enfrentamientos e incluso guerras. Y no sería raro encontrar menús de agua embotellada en los bares, a más de diez euros la botella, como ocurre en la novela.

Para conseguir unos datos y pronósticos más fiables y veraces, el autor nos indica que se ha guiado por el quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), donde se presentan cuatro posibles escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, denominadas Trayectorias de Concentración Representativas (RCP), según las cuales el mundo evolucionará de una forma u otra. El autor eligió la RCP4.5 para desarrollar su novela, que es la segunda con menos emisiones de dióxido de carbono y, muy probablemente, demasiado optimista para lo que nos espera en realidad, porque parece que a los dirigentes les cuesta trabajo dialogar y llegar a acuerdos que estén más a favor de la humanidad que del beneficio económico.

Y no podemos olvidar la parte tecnológica de la novela. Los personajes de esta historia utilizan nuevos avances de la ciencia en su día a día que ahora mismo serían de ciencia ficción, pero que, según el autor, algunos de ellos ya tienen prototipos o se están investigando. Tenemos las ScreenGlasses, que serían el futuro de los teléfonos móviles. Unas gafas con una pantalla creada por una red de nanopartículas incrustada en los cristales capaces de explorar el espacio real e insertar en él elementos virtuales. El ePaper, que podría sustituir al papel, aunque electrónico y totalmente interactivo, y que junto a las ScreenGlasses formarían los nuevos ordenadores personales. O la SmartClothes, la ropa inteligente adaptada al cambio climático, que acelera la evaporación del sudor, por lo que actúa como termorregulador cuando la temperatura es demasiado elevada.

En definitiva, he de decir que esta novela, además de hacerme pasar un buen rato, me ha ayudado bastante como documentación, con lo que, desde aquí, le agradezco al autor por esta estupenda obra.

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