La furgoneta negra derrapó y frenó violentamente delante de ella, que se detuvo en seco, sorprendida. La puerta lateral se abrió y un hombre atractivo se asomó. Le resultó extrañamente familiar, pero no lo reconoció.

—Sube al coche —exclamó—. No hay tiempo de explicaciones.

—No —contestó ella con vehemencia.

—¡El futuro de la humanidad está en juego! —gritó el señor, impaciente.

—¿En serio espera que me crea que toda la humanidad depende de que yo haga algo, así de repente?

—Sí, tú eres la elegida —contestó el hombre. Se apartó para que ella subiera al vehículo—. Rápido, sube.

Ella dio media vuelta y continuó su camino.

—Vaya mierda de día llevo —dijo mientras se alejaba de su destino—. Y ahora tengo que salvar el mundo —soltó una carcajada—. Paso.

El hombre observó como la chica cruzaba la calle y desaparecía tras una esquina. Miró al conductor de la furgoneta, que se había quedado tan sorprendido como él.

Aquel iba a ser el comienzo de una gran aventura para salvar al mundo. Podría haber tenido incluso una historia de amor entre ellos dos. La típica en la que la chica heroína se enamora de su mentor.

Pero no. Ella no había querido subir a la furgoneta. El mundo se iría al traste.

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