Esta es una novela que me atrapó totalmente por la normalidad con la que pasa todo dentro de ella y por la claridad con la que se cuentan las cosas. Y no creo que el autor haya exagerado nada, creo que pasa lo que tiene que pasar, y por eso es tan sorprendente. Dicho por el propio autor, Enrique de la Cruz, Y una moto negra «es una novela de género criminal, pero no es la típica novela de género criminal». Y tiene razón.

La historia nos presenta a Alfredo, un tipo normal de barrio obrero para el que la vida no ha sido coser y cantar, pero que, poco a poco, la ha ido enmendando. Ahora tiene una novia que le gusta, un trabajo estable en el taller mecánico de su suegro y un lugar donde vivir. Pero la tentación contra la rutina y el aburrimiento aparece en forma de Rufo, un amigo de los viejos tiempos, que le pide ayuda para un asunto un poco turbio. Su espíritu aventurero lo lleva a aceptar y eso le brinda la posibilidad de hacerse con mucho dinero, pero todo tiene un precio. Evidentemente, las decisiones que tome Alfredo tendrán consecuencias.

Tenemos, por supuesto, la presencia de otros personajes secundarios que ayudan a Alfredo, de forma directa o indirecta, a tomar esas difíciles decisiones. Está Ernesto, un hombre con serios problemas con la bebida, que fue su compañero de piso y sigue siendo su mejor amigo. También está Celia, la novia de Alfredo, que lo ha ayudado a salir de su antiguo barrio y que no es, en absoluto, lo que aparenta ser.   

Estamos ante una novela muy corta que se lee rapidísimo. Da la sensación de que el autor ha eliminado de la historia todo lo que pudiera ser relleno, tanto en el desarrollo de los personajes como en las tramas secundarias, como es el caso de la investigación policial, y ha dejado solo lo esencial, lo que importa, lo necesario para disfrutar de la obra. Eso, sumado al estilo directo y sin florituras de Enrique, consigue que podamos devorar la novela en dos sentadas. En mi caso fueron cuatro sentadas porque no contaba con mucho tiempo para la lectura en esos días (nunca lo tengo, en verdad).

Es la primera novela de Enrique de la Cruz y espero que nos deleite con muchas más, pues lo hace francamente bien.

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